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Golpear para imponer respeto: las creencias que sostienen el castigo infantil en RD


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Un padre contó que utilizó un cable para castigar a una niña que se negó a realizar una tarea doméstica. Al explicar lo ocurrido, justificó su actuación en la necesidad de establecer respeto y obediencia. El relato, recogido en un estudio de Unicef, muestra cómo una agresión puede ser presentada por quien la ejerce como una forma de educar.

La investigación sobre castigo físico y violencia psicológica en los hogares dominicanos identifica una presión que contribuye a mantener estas prácticas: el temor de padres y cuidadores a ser vistos como permisivos o incapaces de ejercer autoridad.

Bajo esa lógica, imponer límites queda asociado con provocar miedo. Las experiencias de crianza de los propios adultos y las expectativas de su entorno refuerzan una idea que pasa entre generaciones: castigar físicamente es parte de formar a los hijos.

“Todavía existe una idea profundamente arraigada de que para que un niño o niña res

pete hay que hacerle sentir miedo”, señaló Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana.

Cuando no quedan marcas

Otro hallazgo apunta a la manera en que las familias reconocen o dejan de reconocer la violencia. La ausencia de lesiones visibles y la creencia de que el castigo fue proporcional a la conducta pueden llevar a minimizar lo sucedido.

La disciplina violenta también comprende agresiones psicológicas, como insultos, amenazas y humillaciones. Su identificación, por tanto, no puede depender únicamente de las marcas en el cuerpo.

El estudio cualitativo, basado en entrevistas a 431 personas y el análisis de 110 variables, examinó los factores que sostienen estas conductas. Por separado, los datos de la Enogar-Mics 2025 sitúan en un 54.9 % la proporción de niños de uno a 14 años sometidos a métodos de disciplina violenta.

El cansancio entra en la crianza

La investigación también identifica el estrés y la sobrecarga de cuidados, que suelen recaer sobre las mujeres, como condiciones que dificultan manejar los conflictos familiares. A ello se suman las condiciones de vida y la falta de apoyo.

Frente a ese escenario, Unicef plantea acompañamiento práctico y psicosocial para las familias, mayor participación de los hombres en los cuidados y herramientas para establecer límites sin agresiones.

El reto señalado por el estudio va más allá de advertir que el castigo hace daño: requiere intervenir sobre las creencias que lo legitiman y ofrecer alternativas para resolver las situaciones cotidianas en las que se reproduce.

Fuente: Panorama

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