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RESUMEN
Un canal de riego que, según productores agrícolas, fue construido hace menos de un año por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI) ya presenta señales de deterioro y permanece sin garantizar el suministro de agua a los cultivos de arroz del proyecto AC-56, en Sabana de la Mar. La situación obliga a los parceleros a utilizar motobombas alimentadas con gasoil para irrigar sus terrenos, elevando los costos de producción y generando cuestionamientos sobre la funcionalidad de la infraestructura.
Las denuncias fueron expuestas durante un reportaje del programa Toda la Verdad, conducido por la periodista Odalis Castillo y transmitido por VTV Canal 32 de Medios Panorama, en el que productores arroceros describieron las dificultades que enfrentan para mantener sus cosechas, debido a las deficiencias del sistema de riego, el deterioro de los caminos agrícolas, el encarecimiento de los insumos y las limitaciones que, según afirman, presentan los seguros vinculados al financiamiento estatal.
Arquímedes de Jesús Peguero, uno de los agricultores afectados, denunció que el canal de riego La Ceja, perteneciente al proyecto AC-56, no cumple adecuadamente la función para la cual fue construido, pese al poco tiempo transcurrido desde su ejecución.

“Recientemente construyeron un canal de riego aquí, en Sabana de la Mar, pero no tiene agua. Es un canal sin agua. Usted puede visitar la zona y comprobarlo”, expresó el productor. Explicó que, ante la falta de suministro, los agricultores deben recurrir a equipos de bombeo que utilizan combustible para llevar agua a sus parcelas, situación que se agrava durante los períodos de sequía, cuando aumenta la demanda de riego y se incrementan los gastos operativos.
A estas dificultades se suma el deterioro de los caminos vecinales y de acceso a las parcelas del proyecto AC-56. Según los agricultores, las malas condiciones de estas vías dificultan el traslado de insumos y cosechas hacia los centros de comercialización, ocasionando retrasos y pérdidas económicas.

Las denuncias ponen bajo cuestionamiento la efectividad de las inversiones destinadas a mejorar la infraestructura agrícola de la zona y plantean la necesidad de establecer las causas por las que el canal no proporciona el servicio esperado.
Producir una tarea de arroz podría costar más de RD$27,000
Otro de los problemas señalados durante el reportaje es el incremento de los costos de producción, especialmente en fertilizantes, mano de obra, preparación de terrenos y productos para controlar las malezas.
El agricultor Miguel Ángel de Jesús explicó que contratar un trabajador representa actualmente entre 1,500 y 1,700 pesos diarios, mientras que una tarea de arroz requiere distintas labores agrícolas que elevan progresivamente la inversión.
Según los precios detallados por el productor, tres sacos de fertilizantes representan un gasto de entre 7,200 y 7,500 pesos, mientras que un tanque de productos utilizados para controlar las malezas puede costar entre 12,000 y 13,000 pesos.
Un cálculo preliminar basado en los precios declarados sitúa la inversión entre RD$25,950 y RD$27,650 por tarea, siempre que se atribuya a una sola tarea el costo completo del tanque utilizado para el control de malezas. “Si los productores calculáramos detalladamente todo lo que invertimos en el cultivo del arroz, nos daríamos cuenta de que prácticamente no resulta rentable”, manifestó Miguel Ángel de Jesús.
El agricultor advirtió que estos desembolsos reducen considerablemente las posibilidades de obtener ganancias, especialmente entre los pequeños productores que disponen de recursos limitados para financiar sus siembras.
Denuncian seguros agrícolas que no compensan las pérdidas
Las dificultades económicas también alcanzan el financiamiento de las cosechas.
Arquímedes de Jesús Peguero cuestionó el funcionamiento de los seguros que, según afirmó, los agricultores deben contratar obligatoriamente al gestionar préstamos con el Banco Agrícola.
El productor denunció que, cuando sus cultivos sufren daños por fenómenos naturales u otros siniestros, no reciben las compensaciones que esperan de las pólizas, pese a haber pagado por ellas.
“Si soy responsable de pagar mi deuda independientemente de lo que ocurra con mi cosecha, ¿para qué estoy pagando un seguro?”, cuestionó.
Peguero sostuvo que esta situación coloca a los agricultores en una posición de vulnerabilidad financiera, debido a que deben continuar respondiendo por sus compromisos crediticios aun cuando enfrentan pérdidas en la producción.
Fertilizantes registran aumentos superiores al 100 %, según productores
Domingo Javier de la Cruz denunció que el quintal de abono, que anteriormente adquirían por entre 1,100 y 1,200 pesos, ahora puede alcanzar los 2,500 pesos, mientras el precio de comercialización del arroz permanece prácticamente sin variación, según su testimonio.
Tomando como referencia los precios señalados, el incremento de los fertilizantes oscila entre aproximadamente un 108 % y un 127 %, dependiendo del costo anterior utilizado para la comparación.
De la Cruz advirtió que esta situación afecta la capacidad de los productores dominicanos para competir con los agricultores estadounidenses, quienes, según explicó, cuentan con mayores niveles de tecnificación, subsidios y acceso a insumos agrícolas a menores costos.
“¿Cómo podemos competir los productores nacionales con agricultores que tienen acceso a tecnologías avanzadas, reciben subsidios de sus gobiernos y adquieren los insumos agrícolas a precios más bajos?”, cuestionó.
Reclaman respuestas sobre infraestructura y apoyo a la producción
Los productores del proyecto AC-56, en Sabana de la Mar, reclaman agua para el riego, mejoras ante el deterioro de los caminos vecinales, los altos costos de producción y las dificultades con los seguros agrícolas, pues estos factores amenazan la sostenibilidad de sus cosechas.
El reportaje de Toda la Verdad pone sobre la mesa una cuestión que trasciende la competitividad: a casi dos décadas de la firma del DR-Cafta, el país no aprovechó el tiempo para fortalecer la producción nacional, pues hay evidencia de agricultores que esperan por el agua, por caminos que mejoren la distribución de sus productos, y el respaldo que necesitan para competir. Porque proteger el arroz dominicano no significa aislarlo de la competencia, sino evitar que llegue a ella en desventaja.
Fuente: Panorama